Padres de la Iglesia

San Clemente de Alejandría, al igual que los Padres de la Iglesia reconocieron la necesidad de la mortificación, viéndola como una manifestación del amor de Dios. «El sacrificio del cuerpo y su aflicción es acepto a Dios, si no va separado de la penitencia; ciertamente es un verdadero culto a Dios» ( Stromata, 5,11,67,1).

San Agustín, comentando las palabras de Jesucristo: «si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga» (Le 10,23), dice : «Esa cruz que el Señor nos invita a llevar, para seguirle más de prisa, ¿qué significa sino la mortificación? (Epist. 243,11).

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