Mortificarse, ¿para qué?

Explica san Pablo la finalidad de mortificación.

«En el bautismo hemos sido sepultados con Cristo, muriendo al pecado, para que como El resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en un nuevo modo de vivir. Porque si hemos sido injertados en Él por, la semejanza de su muerte, también lo seamos por la de su resurrección» (Rom 6,4-5).

El bautizado debe seguir el mismo camino que enseñó Cristo, por medio de la mortificación de las «obras de la carne», para arrancar el «hombre viejo» y todas las tendencias que apartan del seguimiento fiel y continuo de Cristo.

La mortificación es para incorporarse plenamente al Cuerpo místico de Cristo. Dice san Pablo: «suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24).

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