La verdadera amistad se demuestra en las dificultades

Aprender a querer a los demás

  • Existe una estrecha relación entre ser amado, amarse a uno mismo y amar a los demás. Necesitamos sabernos amados por Dios para poder amarnos a nosotros mismos. Y cuando nos amamos a nosotros mismos somos capaces de amar a los demás.
  • Decía Aristóteles que para ser buen amigo de los demás hay que ser en primer lugar buen amigo de uno mismo. Las personas que están “en guerra contra sí mismas”, que no se aman, que no se comprenden a si mismas y no se perdonan sus propios fallos, las que están continuamente insatisfechas con ellas mismas, encuentran dificultades para amar, comprender y perdonar a los demás, para no dejarse llevar por la susceptibilidad, etc.: en definitiva, para hacer amigos.

La gran dificultad para hacerse amigos nace del propio orgullo. Otros vicios humanos, como señala Lewis en Mero cristianismo, no distancian tanto a las personas: los indecentes y los borrachos pueden llevarse bien entre sí. Pero los orgullosos no pueden tener amigos: el orgullo lleva al hombre a alejarse de Dios y de los demás hombres.

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