La obediencia de la Virgen


Como recuerda el Compendio, 24, aunque en la Sagrada Escritura hay muchos modelos de obediencia en la fe, hay dos que destacan particularmente:

Abraham, que sometido a prueba, “tuvo fe en Dios” Rm, 4,3) y siempre obedeció a su llamada; por esto se convirtió en “padre de todos los creyentes” (Rm, 4, 11.18). Y la Virgen María, quien ha realizado del modo más perfecto, durante toda su vida, la obediencia en la fe: “fiat mihi secundum Verbum tuum=hágase en mí según tu palabra”.

Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En María no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocadamente.

Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (Lc I, 38.).

¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios ”(Cfr. Rom VIII, 21.). (Textos de la Homilía “La Virgen Santa, causa de nuestra alegría” en Es Cristo que pasa).

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