La obediencia a los padres

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DEBERES DE LOS HIJOS CON LOS PADRES

Los hijos han de respetar y honrar a sus padres, darles alegrías, rezar por ellos y corresponder a los sacrificios que los padres han hecho y hacen por ellos. Recuerda el Catecismo: “El respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en edad, en sabiduría y en gracia. «Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?» (Sir 7,27-28)” (Catecismo, 2215).

El respeto de los hijos a los padres lleva a la docilidad y la obediencia, como recordaba san Pablo:”Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, pues esto es agradable al Señor” (Colos 3,20).

Mientras los hijos dependen de los padres, deben obedecerles; y aunque esta obligación acaba cuando se emancipan -por ejemplo, para casarse, con la mayoría de edad, etc., lo que nunca debe acabar es el respeto que deben a sus padres (cfr. Catecismo, 2216-2217).

En la medida en que puedan los hijos deben prestarles ayuda material y moral en los años de vejez y durante sus enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento” (Catecismo, 2218).

Si unos padres le ordenaran a sus hijos que hicieran algo opuesto a la Ley de Dios, los hijos estarían obligados a anteponer la voluntad de Dios a los deseos de sus padres, porque, como enseña la Sagrada Escritura: “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Act 5,29). Dios es más Padre que nuestros padres, porque de Él procede toda paternidad (Ef 3,15).

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