La lucha cristiana por mejorar el carácter para identificarse con Cristo

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  • Una persona que se propone vivir con plenitud la vocación cristiana recibida en el bautismo se esfuerza por luchar para mejorar su carácter, para identificar su personalidad con la de Jesucristo, con la ayuda de la gracia.

    No digas: “es mi genio así…, son cosas de mi carácter. Son cosas de tu falta de carácter: sé varón – “esto vir” (Camino, n. 4).

  • Se oponen a esa identificación con Jesucristo:

— el pensar constantemente en uno mismo (egoísmo).

— el mal genio, “el mal temperamento”, contra el que no se lucha (ira).

— la imaginación desbordada, a la que no se pone control (sensualidad).

— los caprichos y las manías consentidas.

—el “dejarse llevar”, sin resistencia, por los estados de ánimo

— vivir pendientes del que dirán, dejándose influenciar excesivamente por lo que “está bien visto” o “mal visto” en un determinado momento .

— las tozudeces: los arbitrarios: “¡por que sí, porque yo lo digo!”.

— el engreimiento del vanidoso que no acepta ni escucha realmente ningún consejo, aunque los oiga.

— el deseo de imponer la propia opinión a los demás, a toda costa.

— la mala educación, la chabacanería en el actuar y la grosería en el hablar, con la excusa en ocasiones de que “así lo hacen todos mis amigos ”.

— las rarezas contra las que no se lucha (gusto excesivo por la soledad, complicaciones interiores, etc.)

  • ¿Identificarse con Cristo significa perder la propia personalidad?

— Al contrario: significa llevarla a su plenitud, dejar que Cristo triunfe en la propia personalidad, en el carácter y el modo de ser.

— Los santos se identificaron con Cristo manteniendo su propio modo de ser: por eso hay santos de temperamentos y caracteres tan distintos. No hay ningún carácter que con la ayuda de la gracia de Dios no se pueda mejorar.

La Iglesia se ha planteado abrir la Causa de Canonización de Fesch, un francés ejecutado tras una condena a muerte por un asesinato.

En la cárcel, antes de que le ejecutaran, Fesch experimentó una transformación soprendente, porque dejó actuar a la gracia en su alma y mejoró extraordinariamente de carácter.

Hasta entonces Fesch había dejado que los grandes defectos de su carácter (el egoísmo, la irascibilidad, la sensualidad, la inmadurez, etc.) dominaran su vida y se apoderaran de su personalidad, llegando a cometer un asesinato en un momento de ofuscación.

Es un ejemplo más de la fuerza de la gracia, de la libertad y del amor a Dios.

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