La Iglesia


  • La Iglesia ha permanecido fiel a Cristo a lo largo de veintiún siglos, a pesar de las infidelidades de sus miembros.
  • En la fidelidad a la Iglesia está la auténtica fidelidad a Jesucristo.
  • Los verdaderos reformadores, como santa Teresa y san Juan de la Cruz, supieron descubrir la santidad de la Iglesia, a pesar de las infidelidades y miserias de sus miembros humanos.
  • Ese amor y fidelidad a Cristo y a su Iglesia debe llevar al cristiano:
    • a desear formarse bien, conociendo lo que enseña la Iglesia, sin quedarse en un conocimiento superficial, comparándose con los que saben muy poco o nada.
    • a no atribuir a la Iglesia, que es Santa, los errores y pecados de los hombres.
      • a no hacer daño a la Iglesia con murmuraciones y ataques a la Jerarquía, a sus instituciones o a sus miembros concretos. Y menos, con ataques indiscriminados en los medios de comunicación: prensa, internet, etc., al descubrir fallos y errores.

        Los santos nos enseñan el camino que debe seguir el cristiano ante los errores objetivos en la actuación de los hombres: oración, desagravio, corrección fraterna, y si es necesaria, una información llena de justicia y caridad a las autoridades competentes de la Iglesia para poner remedio.

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