La humildad de corazón


    • El hombre humilde confía en Dios, y le deja actuar en su vida, de forma activa, cooperando con la gracia, con la acción del Espíritu Santo. No confía tanto en lo que él mismo hace sino que espera sobre todo en lo que Dios quiere hacer en él. El modelo de humildad es la Virgen María, que dijo: “Hágase en mí según tu palabra”.

    • El humilde piensa: “tengo estos defectos y estas virtudes. Soy hijo de Dios, y Dios me dará la gracia para darle gloria en mi vida, aceptando y luchando contra estos defectos y cultivando estas virtudes”.
    • Por eso enseñaba san Josemaría que la humildad es “la virtud que nos ayuda a conocer, simultáneamente, nuestra miseria y nuestra grandeza” (Amigos de Dios, 34)

  • El camino de la humildad es aparentemente contradictorio: El cristiano debe aprender a compaginar y a vivir gozosamente algo que parece contradictorio: miseria y grandeza: su miseria personal y la grandeza de ser hijo de Dios.

La humildad lleva a la autoestima, que es el recto amor a uno mismo, que es totalmente opuesto al amor propio egoísta.
“para poder avanzar en este progresivo abandono de la propia estima en las manos de Dios, hace falta querer, saber y poder: buena voluntad, formación y capacitación.

La ayuda divina facilita tres cosas: fortalece nuestra voluntad, ilumina nuestro entendimiento y cura nuestra incapacidad. “Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar”, escribe san Pablo” (Filip, 2, 13).

Pero Dios que tanto respeta nuestra libertad qyiere contar’ con nuestra colaboración: con nuestro empeño por mejorar y por aprender a ser humildes” (La autoestima del cristiano, Belacqua, 17).

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