La alegría nace de la filiación divina, de ser y saberse hijo de Dios, llamado a las cumbres más altas de la santidad

index_clip_image002_00041El sentido de la filiación divina – es decir, vivir sabiéndose hijo de un Dios Padre, de un Dios amoroso-, proporciona una paz y una alegría que el mundo no puede dar. Si confiáis en la divina Providencia, si os abandonáis en sus brazos omnipotentes, nunca os faltarán los medios para servir a Dios, a la Iglesia Santa, a las almas, sin descuidar ninguno de vuestros deberes; y gozaréis además de una alegría y de una paz que mundus dare non potest (cfr. Jn 14, 27), que la posesión de todos los bienes terrenos no puede dar ( Amigos de Dios, 117).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *