Juan Pablo II a los jóvenes de Paraguay: Plantéate: ¿Cuál es el sentido de tu vida?


Ser joven: tener proyectos Durante los años de la juventud se va configurando en cada uno la propia personalidad. El futuro comienza ya a hacerse presente. Estos años son el tiempo más propicio para un descubrimiento particularmente intenso del yo humano y de las propiedades y capacidades que éste encierra. Es el periodo en que se ve la vida como un proyecto prometedor a realizar, del cual cada uno es y quiere ser protagonista.

Es también el tiempo adecuado para discernir y tomar conciencia con más radicalidad de que la vida no puede desarrollarse al margen de Dios y de los demás. Es la hora de afrontar las grandes cuestiones, de la opción entre el egoísmo y la generosidad.

En una palabra: el joven se halla ante una ocasión irrepetible de orientar toda su existencia al servicio de Dios y de los hombres, contribuyendo así a la construcción de un mundo más cristiano y, por consiguiente, más humano. Sentido de la vida ante toda esta amplia perspectiva que se ofrece a vuestros ojos, es lógico que se os planteen grandes cuestiones: ¿Cuál es el sentido de mi vida?, ¿hacia dónde debo orientarla?, ¿cuál es el fundamento sobre el que tengo que construirla?, ¿con qué medios cuento?

Son éstas preguntas cruciales, densas de significado, que no pueden zanjarse con una respuesta precipitada. Estos mismos interrogantes acuciaban probablemente a aquel joven del Evangelio que se acercó a Jesús para preguntarle: “Maestro ¿qué he de hacer yo para conseguir la vida eterna?” (Mt XIX, 16). Igual que a vosotros, la vida se abría prometedora ante los ojos de aquel muchacho y deseaba vivirla intensamente, de un modo generoso. con decisiones definitivas. Quería alcanzar la vida eterna y buscaba para ello un camino seguro.

Era un buen israelita, que cumplía la ley desde joven, pero percibía horizontes más amplios para su amor: por ello fue en busca del Maestro, en busca de Jesús, el único que “tiene palabras de vida eterna” (Jn VI, 88).

Queridos jóvenes: Acercaos también vosotros al Maestro si queréis encontrar respuesta a las anhelos de vuestro corazón. Buscad a Cristo. que siendo Maestro, modelo, amigo y compañero, es el “Hijo de Dios hecho hombre”, Dios con nosotros, Dios vivo que, muerto en la cruz y resucitado, ha querido permanecer a nuestro lado para brindarnos el calor de su amistad divina, perdonándonos, llenándonos de su gracia y haciéndonos semejantes a El.

Cristo es quien tiene palabras de vida eterna porque El es la Vida misma. Buscadlo a través de la oración, en el diálogo sincero y asiduo con El. Hacedle partícipe de los interrogantes que os van planteando los problemas y proyectos propios de vuestra juventud.

Buscadle en su Palabra, en los santos Evangelios, y en la vida litúrgica de la Iglesia. Acudid a los sacramentos. Abrid con confianza vuestras aspiraciones más íntimas al amor de Cristo, que os espera en la Eucaristía. Hallaréis respuesta a todas vuestras inquietudes y veréis con gozo que la coherencia de vida que El os pide es la puerta para lograr la realización de los más nobles deseos de vuestra alma joven. Comprometerse La fe y el amor no se reducen a palabras o a sentimientos vagos. Creer en Dios y amar a Dios significa vivir toda la vida con coherencia a la luz del Evangelio (…) y esto no es fácil.

¡Sí! Muchas veces se necesita mucho coraje para ir contra la corriente de la moda o la mentalidad de este mundo. Pero, lo repito, éste es el único camino para edificar una vida bien acabada y plena.

Sed generosos en la entrega a vuestros hermanos; sed generosos en el sacrificio por los demás y en el trabajo; sed generosos en el cumplimiento de vuestras obligaciones familiares y cívicas; sed generosos en la construcción de la civilización del amor.

Y, sobre todo, si alguno de vosotros siente una llamada a seguirle más de cerca (…) que sea generoso, que no tenga miedo, porque no hay nada que temer cuando el premio que espera es Dios mismo.

Y si a pesar de vuestro esfuerzo personal por seguir a Cristo, alguna vez sois débiles no viviendo conforme a su ley del amor y a sus mandamientos, ¡no os desaniméis! ¡Cristo os sigue esperando! Él, Jesús, es el Buen Pastor que carga con la oveja perdida sobre sus hombros y la cuida con cariño para que sane. Cristo es el amigo que nunca defrauda. (Asunción. Paraguay. 18-V-1988).

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