Hay que defender la fidelidad frente a…



El hombre viejo, que le presenta al hombre el ejercicio de la fidelidad como una carga insoportable: “soy incapaz de consumir mi vida cuidando a un enfermo crónico”.

El hombre nuevo –renovado en Cristo- le hace ver que ese ejercicio cotidiano es un compromiso de amor: “con la gracia de Dios y por amor a Cristo entregaré mi vida entera, por amor, al cuidado de este enfermo, al que debo amar por fidelidad humana y espiritual”.

Esos dos hombres pugnan en el corazón humano, herido por el pecado.


  • Hay que defender la fidelidad frente al influjo de las amistades que apartan de Cristo. Ese impacto negativo resulta particularmente fuerte durante la juventud. De ahí nace la importancia de tener en una sociedad pagana como la actual, entre los amigos, muchos amigos cristianos o no cristianos que busquen a Dios con sincero corazón.
  • Hay que defender la fidelidad frente la falsa “fidelidad a uno mismo”. Ser fiel a uno mismo significa, para un cristiano, ser fiel al proyecto de Dios para cada uno y el compromiso con Dios que libremente se ha contraído. Abraham fue llamado hombre fiel porque –fiel a sí mismo- estuvo dispuesto a cumplir en todo momento la Voluntad de Dios.

    No se puede invocar “la fidelidad a uno mismo” para realizar la ruptura de un compromiso grave con Dios o con los demás.

    Entonces esa “fidelidad a uno mismo” se convierte en una palabra-coartada para hacer lo que se desea sin trabas morales de ningún tipo: Abandono a mi mujer y a mis hijos para ser fiel a mí mismo, porque me he enamorado de otra mujer…

    Es necesario entender bien la libertad para evitar falsos conflictos entre libertad y fidelidad. El que adquiere unos compromisos con Dios o con los hombres, libremente se impone el deber de cumplir las obligaciones que libremente asumió.

    Comprometerse y ser fiel a los compromisos, siempre que sean buenos, no limita la libertad del hombre: suponen el ejercicio de la libertad. La esencia de la libertad es la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.

    Toda decisión o compromiso prudente de realizar algo bueno es un acto de libertad.

  • Hay que defender la fidelidad frente a los intereses ideológicos de determinados grupos de presión, lobbys, medios de comunicación, editoriales, instancias educativas, etc., que defienden contravalores como la infidelidad,

    • difundiendo y ensalzando como positivos comportamientos infieles,
    • intentando esos comportamientos que se acepten socialmente como comportamientos normales,
    • ridiculizando la figura de las personas fieles en diversos medios (series televisivas, películas, novelas.) donde no aparecen o demonizándolas (son anticuadas, retrógradas, etc.).

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