Hacer dejación de responsabilidades.

Conviene recordar que cada uno es responsable de su propia vida, de su propia formación, y en consecuencia, de su propia santidad.

La madurez cristiana lleva a no hacer recaer en los demás las propias responsabilidades. Sería un signo de inmadurez y de falta de responsabilidad, culpar a los demás de los propios fallos y limitaciones.

Esa inmadurez está en la base de afirmaciones de este tipo: La culpa de que yo me haya apartado de Cristo la tienen mis amigos, la tiene esta persona que me ha dado mal ejemplo en esto y en aquello…

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