El camino de la humildad

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  • El primer paso en el camino de la humildad es reconocerse soberbio, orgulloso y vanidoso.

“Si pensáis que no sois vanidosos, es que sois vanidosos de verdad” (Lewis, Mero Cristianismo, 141).

  • Dos manifestaciones de la soberbia:

    • Soberbia clásica: es la soberbia que lleva a pensar: “yo no soy soberbio”; “con mi propio esfuerzo lograré ser humilde”.
    • Falsa modestia: es la soberbia disfrazada qie lleva a un pesimismo radical que exagera los propios defectos y suele concluir en la desesperanza: “tengo muchos defectos y fallo sin cesar, por eso, no tiene sentido seguir luchando”.
  • Rasgos habituales de la soberbia:
    • La soberbia es impaciente y competitiva. Un hombre soberbio no sólo tiende a creerse muy listo y muy buen deportista, sino “el más listo y el mejor deportista de toda la clase”. La soberbia lleva a compararse continuamente con los demás –interna o exteriormente- buscando el placer de quedar continuamente por encima del otro, al que se le considera con frecuencia un rival, un contrincante.
    • La soberbia está siempre insatisfecha: “no me basta con todo lo listo que soy; tengo que ser mucho más listo que los demás; y cada día, más y más y más”.
    • La soberbia se disfraza continuamente con diversos disfraces:

      • Disfraces de miseria: “soy un pobre miserable y ya no hay nada que hacer conmigo; no me compensa esforzarme”.
      • Disfraces de ideales nobles y grandes, que en sí son buenos, pero que se persiguen sólo para satisfacer la propia vanidad: “me he propuesto ser el más trabajador de mi clase… (por el gusto de quedar el primero); a mí no hay nadie que me gane a generoso (por el gusto de que todos piensen de mí: fíjate: ¡qué generoso es…!
    • La soberbia es cegadora. Es como un virus que estropea y oscurece toda nuestra “pantalla interior”. Lleva a evitar el propio examen y a rechazar cualquier tipo de crítica.
    • La soberbia tiende a confundirlo todo.

      Un hombre humilde cultiva el temor filial, el temor reverencial, el santo temor de Dios, que nace del amor y es un miedo bueno a ofender el gran amor que Dios nos tiene.

      Es el temor del hijo por haber disgustado a un padre que le quiere mucho y al que quiere mucho.

      Un hombre soberbio confunde ese temor con un temor que no nace del amor a Dios, sino del amor propio: el temor a ser castigado por Dios. Es el temor de una persona por haber fallado ante sí mismo y ante un ser lejano que le puede castigar.

      Confunde la imagen de Dios; en vez de ver en Él lo que es: un Padre justo y amoroso, dispuesto siempre al perdón, el soberbio proyecta en Dios su propia miseria y lo concibe como un tirano dominador.

      El soberbio empequeñece en su alma el amor de Dios.

    • La soberbia lleva a un perfeccionismo malo.

      Es el caso de las personas que quieren mejorar obsesivamente “cada vez más y más”, para “estar en regla con Dios”; para demostrarse a sí mismas que son capaces de ser buenas.

      No les importa realmente el triunfo de Dios en su vida, sino sutriunfo personal: más que amar a Dios, se obsesionan en lograr la meta que se había propuesto. Llevan continuamente “la cuenta” de sus errores ynunca están satisfechas, porque no buscan el amor sino el éxito.

      Eso les lleva a lamentarse y reprenderse interiormente por sus propios fallos.

      El hombre humilde, por el contrario, busca la perfección del amor, que es algo muy alejado del perfeccionismo.

      El hombre humilde se ama a sí mismo, porque sabe que Dios leama tal como es; y procura amar cada vez más a Dios, quiere alegrar a Dios, no por amor propio, sino por amor a un Padreque le ama tanto.

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