El apóstol: los frutos son de Dios

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  • El Apóstol no es el protagonista del apostolado. No puede pensar, si hay frutos, que él es quién “se apunta los tantos”. El Protagonista del apostolado es el Espíritu Santo, y los frutos son siempre frutos de la Gracia.

  • Dios es el único que santifica, el único que mueve los corazones. Por esa razón, el bautizado verdaderamente apostólico acude con frecuencia al Espíritu Santo, y le pide sus dones: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad, temor de Dios.
  • La misión del Apóstol es secundar la gracia de Dios, que desea que todos los hombres se salven.

    Dios mío, dame diez santos y cambiaré esta ciudad

    “Me ha venido a la cabeza una reflexión que probablemente se relaciona con la proximidad de mi visita a Inglaterra.

    Es de un autor inglés -me parece que del Cardenal Newman, pero no estoy seguro- que, al contemplar como Londres, una ciudad inmensa, se iba descristianizando y secularizando como tantas grandes ciudades, oraba de este modo al Señor: dame diez santos y cambiaré esta ciudad.

    Habés hablado mucho de la mala situación espiritual de vuestros contemporáneos, que se muestran indiferentes, desinteresados, sin inquietud por los problemas espirituales, religiosos y éticos: que encaran su vida con superficialidad. (…)

    La respuesta que podéis dar -y que ya dais- es la que se expresa en esa oración: dame diez santos y cambiaré esta ciudad.

    Es lo que se enseña en la parábola del fermento y la masa: el fermento cambia la masa, la hace creer y convertirse en pan.

    Pienso que vosotros, que habéis recibido la gracia de una vocación cristiana más madura, más profunda, podéis seguir actuando como el fermento en la masa, como los que se sienten capaces de cambiar las grandes urbes, las grandes ciudades, las grandes corrientes intelectuales, para alcanzar un futuro mejor.

    (…) El hombre, cuando se deja llevar por la fuerza de Dios, por la gracia de Dios, cuando camina a su lado, es capaz de cambiar el mundo. Esto es lo que os deseo: que cambiéis el mundo, que mejoréis el mundo”.

    (Juan Pablo II, Palabras informales en el Patio de San Dámaso, Ciudad del Vaticano, a los participantes en el Univ 82)


  • El apostolado nace de la oración, de la unión con Cristo.
    Orad sin interrupción por los demás hombres. Hay en ellos una esperanza de conversión, una conversión que les conducirá a Dios. Volveos hacia ellos para que, por medio de vuestras obras, se hagan discípulos vuestros. San Ignacio de Antioquia, Carta a los Efesios

    Primero oración; después expiación; en tercer lugar, muy en “tercer lugar”, acción.(San Josemaría Camino, 82)

  • Por esa razón, la fecundidad del apostolado depende de la unión con Cristo.

  • Por eso no importa el aparente “éxito” o “fracaso”:

    “Si contamos exclusivamente con nuestras propias fuerzas, no lograremos nada en el terreno sobrenatural; siendo instrumentos de Dios, conseguiremos todo: todo lo puedo en aquel que me conforta.

    Dios, por su infinita bondad, ha dispuesto utilizar estos instrumentos ineptos. Así que el apóstol no tiene otro fin que dejar obrar al Señor, mostrarse enteramente disponible, para que Dios realice —a través de sus criaturas, a través del alma elegida— su obra salvadora”. Es Cristo que pasa, 120


    ¡Anunciad la Palabra con toda claridad, indiferentes al aplauso o al rechazo! En definitiva, no somos nosotros quienes promovemos el éxito o el fracaso del Evangelio, sino el Espíritu de Dios.

    Juan Pablo II, 17.II.1980, A la conferencia Episcopal alemana.

  • Recuerda la Escritura: si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Comentando esta frase, dice san Agustín en su comentario sobre el Salmo 126:
San Agustín:

¿Quiénes son los que trabajan en esta construcción? Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora; y también antes de nosotros se esforzaron, trabajaron, construyeron otros; pero si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles.

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