Dificultades en el apostolado. La gran dificultad, el gran contrincante: la falta de amor, de fe y de unión con Dios

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Muchos cristianos encuentran excusas para no evangelizar: falta de medios económico, ignorancia, falta de salud…

A ellos les contesta san Juan Crisóstomo:

“No puedes aducir tu pobreza como pretexto. La que dio sus monedas te acusará. El mismo Pedro dijo: No tengo oro ni plata (Hech, 3,6). Y Pablo era tan pobre que muchas veces padecía hambre y carecía de lo necesario para vivir.

Ni puedes puedes poner tu origen humilde como excusa: ellos también eran humildes y de modesta condición.

Ni la ignorancia te servirá de excusa: ellos eran todos hombres in letras (…)

No aduzcas la enfermedad como pretexto: Timoteo estaba sometido a frecuentes achaques” (Homilía 20 sobre los Hechos de los Apóstoles)

Idea Clave: La verdadera y única dificultad en la evangelización es la falta de amor a Dios y de fe en Él, la falta de amor a la Iglesia y a la propia vocación cristiana; el egoísmo personal que unido a la falta de fe lleva a desinteresarse por el alma de los que nos rodean.
El apostolado exige el desasimiento de uno mismo, de todo lo propio; es de Dios de quien hay que hablar, no de uno mismo; por eso recordaba san Juan Crisóstomo: “La virtud y la bondad de un enviado consisten en que no diga nada de sí mismo” (Catena Aurea, vol V, p. 27)

Esto no impide reconocer las evidentes dificultades exteriores e interiores, objetivas y subjetivas.

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