Deberes con las autoridades civiles

“El cuarto mandamiento de Dios nos ordena también honrar a todos los que, para nuestro bien, han recibido de Dios una autoridad en la sociedad. Este mandamiento determina tanto los deberes de quienes ejercen la autoridad como los de quienes están sometidos a ella” (Catecismo, 2234).

Entre estos últimos deberes están

el deber de respetar las leyes justas y cumplir los legítimos mandatos de la autoridad (cfr. I Petr 2,13);

el deber de ejercitar los derechos y cumplir los deberes ciudadanos;

el deber de intervenir responsablemente en la vida social y política.

¿Y cuando las autoridades públicas ordenan algo injusto o inmoral?

Contesta el Catecismo: “El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política. «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21). «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Act 5,29)” (Catecismo, 2242).

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