Confundir la identificación con Cristo con el mimetismo espiritual con una persona a la que se admira

Cristo es el único modelo. Cuando no se intenta imitar a Cristo, sino sólo parecerse a un buen cristiano al que se admira, se corre el riesgo de caer en un mimetismo.

Por eso, el cristiano maduro lucha por corresponder a la gracia y procura seguir a Cristo siempre, aunque ese cristiano al que admira le haya dado mal ejemplo o le haya defraudado con su conducta.

Un buen cristiano no deja de seguir a Cristo por un error de sus pastores. Por eso no tienen sentido argumentaciones de este tipo: “yo no voy a Misa porque mi párroco tiene éste y ese defecto”.

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