Cómo cultivar la sencillez interior

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La sencillez es fruto de:

  • La aceptación propia.
  • No compararse con los demás.
  • No interpretar ni juzgar los pensamientos e intenciones de los otros.
  • Reconocer los propios fallos sin exagerarlos.
  • No obrar de forma calculada, “táctica”, mediante estrategias.

  • La rectitud en el modo de actuar, que lleva a actuar en todo momento conforme a lo que se es.


  • La sencillez en el hablar, que lleva a expresarse conforme se piensa y se vive, con los amigos y personas del entorno. Eso lleva a:
    • No utilizar diversos lenguajes para aparentar “personalidades” diferentes según las circunstancias.
    • Explicar con claridad las dificultades.
    • Saber pedir ayuda cuando se necesita.
    • Reconocer lo que se ignora, sin dar a entender que se sabe lo que se ignora.
    • No “edulcorar” (suavizar, azucarar) la exposición de nuestros fallos ni presentarlos de tal forma que nos compadezcan.
    • Hablar conforme a la propia verdad, al propio modo de ser, al propio nivel de conocimientos (por ejemplo, no citar autores que no se han leído, ni canciones que no se han escuchado. Esto, aparte de cierta pedantería, puede denotar falta de sencillez)
  • La sencillez en el vestir, que lleva a:

    • prsentarse ante los demás tal y como se es, sin excentricidades.
    • a no preocuparse excesivamente y de forma desmesurada, de la propia apariencia.

    • a vestir de forma adecuada a la propia edad y realidad, evitando convertirse en el foco de atención.

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