Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento se pone de manifiesto que la fortaleza es un don que Dios concede al hombre que confiesa su propia debilidad y le invoca con confianza: «Pon tu suerte en Yahvéh, confía en él, que él obrará» (Sal 37, 5).

En cambio, cuando el hombre intenta conseguir la felicidad y la grandeza por sus propias fuerzas, acaba siendo esclavizado por el pecado (cfr Gén 11).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *