¿Qué fin persigue la formación cristiana?

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La santidad, la identificación con Cristo. La formación debe ayudar a que la gracia actúe en el alma, forjando en el cristiano un hombre que viva del Evangelio y un evangelizador. El mundo está sediento de santos y de apóstoles, porque son ellos los que traen al mundo la verdadera paz, la verdadera alegría. Son ellos los que nos muestran el verdadero sentido de la vida -dar gloria a Dios en todo- y la Belleza del Amor de Cristo.

San Josemaría:

“Pienso, efectivamente, que corren un serio peligro de descaminarse aquellos que se lanzan a la acción —¡al activismo!—, y prescinden de la oración, del sacrificio y de los medios indispensables para conseguir una sólida piedad: la frecuencia de Sacramentos, la meditación, el examen de conciencia, la lectura espiritual, el trato asiduo con la Virgen Santísima y con los Angeles custodios…

Todo esto contribuye además, con eficacia insustituible, a que sea tan amable la jornada del cristiano, porque de su riqueza interior fluyen la dulcedumbre y la felicidad de Dios, como la miel del panal. “(Amigos de Dios. La grandeza de la vida corriente, 18)

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