¿Hay más razones para mortificarse?

  • El hombre experimenta numerosas tendencias opuestas a la dignidad del hombre (soberbia, pereza, concupiscencia de la carne, etc.), que dificultan reconocer la verdad y realizar el bien.

  • La Revelación divina y la fe muestran el origen de ese desorden interior que hay en el hombre: es el pecado original que, incluso una vez perdonado por Dios, ha privado a la naturaleza humana de la impasibilidad de la que gozaba Adán y además, ha dejado herida esa naturaleza (Conc. Vaticano II, Const. Gaudium et spes, n. 13).
  • Esas heridas de la naturaleza, debidas al pecado original, pueden agravarse por los pecados personales, que suelen engendrar vicios.
  • Pero estas heridas pueden también aliviarse: por la gracia divina, que eleva y sana la naturaleza, y por la mortificación cristiana.

  • La mortificación cristiana ayuda a rechazar los impulsos desordenados y purifica los actos humanos y al mismo hombre.

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